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El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que se celebra cada 17 de junio, es una oportunidad para crear conciencia sobre el vínculo entre las tormentas de polvo, la salud y el desarrollo sostenible.

Las tormentas de arena y polvo afectan la salud y los medios de vida de millones de personas en todo el mundo. Las dos regiones más afectadas son el norte de África y el oeste de Asia, incluida la península Arábiga y el Oriente Medio.
¿Cómo se producen?
Las tormentas de arena y polvo tienen muchas causas. La degradación de la tierra y los ecosistemas, la erosión del suelo, la sequía, el uso insostenible de los recursos de la tierra y el agua, la expansión de las ciudades y el cambio climático son sus principales impulsores.
Esos detonantes pueden reducir la cohesión de la tierra, quitarle al suelo su cubierta o causar una disminución en la humedad del suelo, de modo que cuando el viento sopla, arranca grandes cantidades de polvo y las lleva a la atmósfera.
El sobrepastoreo de los animales, el trabajo excesivo de las zonas agrícolas, el uso deficiente del agua, la limpieza de la tierra y la falta de replantación de tierras despejadas también pueden contribuir al problema.
¿Cuál es el impacto?
Las tormentas de polvo afectan la calidad del aire. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 6,5 millones de personas mueren cada año por respirar aire sucio. Las partículas finas de polvo pueden viajar miles de kilómetros en estas tormentas, que también pueden transportar agentes patógenos y sustancias nocivas que causan problemas respiratorios agudos y crónicos.
Las tormentas golpean además a la economía, porque espacios como aeropuertos y escuelas se ven obligados a cerrar, se interrumpen las cadenas de suministro, se destruyen los cultivos y ocurren accidentes de tráfico.
En Oriente Medio y el Norte de África, se pierden cada año alrededor de 13 mil millones de dólares del Producto Interno Bruto debido a estos fenómenos climáticos.


© Global Commons

Las tormentas de arena y polvo también agravan la pérdida de productividad de la tierra, la integridad de los ecosistemas y la biodiversidad. En Oriente Medio, este círculo vicioso puede desplazar poblaciones y destruir importantes hábitats, como los humedales.
Sin embargo, la situación puede ser más compleja. Un estudio reciente hecho en China sugiere que el polvo puede tener un efecto positivo en la calidad del aire: menos polvo significa que más radiación solar golpee la superficie terrestre y a la vez reduzca la velocidad del viento. Esa falta de viento conduce a una acumulación de contaminación,  sobre todo en partes densamente pobladas de China.
¿Las tormentas son cada vez más frecuentes?
De acuerdo con los modelos climáticos desarrollados por ONU Medio Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial, se prevé que las tormentas de polvo empeorarán.
“La frecuencia y la intensidad de las tormentas de polvo han incrementado en los últimos 30 años y se espera que empeoren en los próximos 50”, explicó la experta en manejo de ecosistemas de ONU Medio Ambiente Diane Klaimi, citando informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, entre otros.
Gran parte de la tierra fértil de Iraq ha sido literalmente destruida a medida que la desertificación se intensifica. “Dentro de los próximos 10 años, Iraq podría presenciar 300 eventos de polvo por año”, sostuvo Klaimi.
El Gobierno de Iraq, con el apoyo de ONU Medio Ambiente y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), está desarrollando un programa nacional para combatir las tormentas de arena y polvo.
¿Qué podemos hacer?
Debido a los estrechos vínculos entre los ecosistemas en todo Asia Occidental, los países de la región deben cooperar para abordar el problema.
El área de Al Hammad, que es compartida entre Iraq, Siria y Jordania, es considerada la mayor fuente de polvo. El oeste de Irán y el este de Iraq también son fuentes importantes, pero ningún país puede resolver el problema por sí solo.
“Hay una necesidad global importante de comprender mejor los factores que causan las tormentas de arena y polvo, mejorar las capacidades predictivas y colaborar en el desarrollo de soluciones integradas, como una mejor gestión de la tierra y el agua en las zonas de origen”, dijo Klaimi.


© Global Commons

 

“Los sistemas de monitoreo y alerta temprana a nivel regional pueden contribuir a reducir los peligros del polvo en la salud y la economía”.
En promedio, se pierden 12 millones de hectáreas de tierra cada año debido a la desertificación y la degradación de tierras.
El Embajador Peter Thomson, Presidente de la Asamblea General de la ONU, recalcó recientemente que “neutralizar la degradación de la tierra” puede acelerar el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En un evento en Nueva York, el pasado 1 de mayo, dijo que más de la mitad de las tierras agrícolas del mundo está afectada por la degradación del suelo.
“La vida y los medios de vida de más de mil millones de personas están actualmente bajo amenaza, con la pérdida de suelos, la erosión, la contaminación y la degradación afectando la seguridad alimentaria, la salud y las oportunidades económicas locales sostenibles”, añadió.
“La degradación de la tierra afecta desproporcionadamente a las comunidades más pobres y vulnerables. Es imperativo que hagamos algo para revertir la tendencia “, sostuvo el experto de ONU Medio Ambiente Mohamed Sessay.
Fuente: PNUMA